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31 julio 2018

India | Más allá de la imaginación

"Older than history, older than tradition, older even than legend, 
and looks twice as old as all of them put together". 
~ Mark Twain

Varanasi, Banaras, Benares, Kashi y varios nombres más.

No hay lugar de los muchos que visité en el mundo, ni de los que conocí en India misma que haya dejado tal huella de melancolía y paz, como Banaras.

El caminar sus calles y sentir que mis límites se funden con el entorno en un abrazo fraternal, un reencuentro largamente esperado que no quiero que termine. El nivel de familiaridad que siento no lo puedo entender con lógica, ella me conoce y yo la conozco. De eso no tengo dudas.

Varanasi es, para mi, la más clara representación física de la sustancia etérea de la que todo India está, en verdad, hecha. Nos hace creer que es un país o una tierra, pero no señores. Es otra cosa.

Amo todo en esta foto. Po algún motivo mis ojos siempre van a sus pies rodeados de luz.

Si no existiese India, seguramente hubiera preferido no nacer en este planeta que aparenta tan irreparable, destartalado. Para qué?

Sin India y su sabiduría ancestral, cómo hubiera encontrado la puerta que revela que la confusión que nos ahoga a los humanos (y el cual extendemos al planeta que nos sostiene), no es más que un error de percepción? No hay en verdad caos ni ruido. No hay problema alguno si uno aprende desde donde mirar.

Ella es el sinfin de colores, sabores e inentendible caos, un reflejo tan fiel de la mente misma. Un increscendo de ruido y aturdimiento, hasta que uno explota y huye. O hasta que uno se da cuenta que nada de eso es real. Aparece, brilla, se cae, muere y se levanta, todo en un mismo acto, en un abrir y cerrar de ojos. No puede ser real. Es un mundo paralelo y quien haya pisado su tierra, sabe de lo que hablo.

Haberse dejado engullir por meses en su imparable vorágine de ruidos, gente y estímulos y salir no solo ilesa sino con más claridad que antes, no es sólo buena suerte.  Es una alquimia que se da cuando la intención de paz y verdad última son más fuertes que cualquier otro deseo. Pero sobre todo, más fuertes que el miedo y el desconcierto que India puede causar.

Sé que mi tiempo en este mundo está marcado por la satisfacción que me causa transitar el laberinto de recordar de que se trata el "estar vivos". La búsqueda última de verdad y libertad más allá del tiempo y las circunstancias.

Y justamente, India tiene el poder único de actuar de telón de fondo de mis búsquedas y a su vez de fuente de la cual mis investigaciones trascendentales toman amplio material para divertirse.

"Todo lo que es, es acá y ahora" dice India.

Vaca en Varanasi que todos los días pasa por la puerta a pedir chapati.

La mirada del sadhu de la esquina me enseña algo, volteo la cabeza y una familia de monos salta entre los techos, el sol que se fitra entre pequeños callecitas y el olor a masala intenso que de pronto impregna el aire crean un entramado de sentido difícil de explicar en palabras.

Estoy viva, todo a mi alrededor lo está.

Entonces, India en toda su extensión, es un caleoidoscopio multidimensional tan complejo como perfecto. Tan mutable e inmenso como el infinito mismo. Por eso, por el momento, decidí escribir solamente sobre una cosa, para simplificar.

Voy a compartir los subjetivos, limitados y aleatorios momentos vividos durante los días que estuve en Varanasi. El lugar más especial del que tengo registro.

Así son las mañanas, justo antes de que salga el sol, al costado del Ganges.


Si les interesa viajar conmigo a Varanasi, estense atentos al próximo post. 
Hasta entonces los dejo con uno de los soundtracks que amo y me transportan, ojalá les guste.


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